Inatur dejó a medio camino obras y servicios en El Morro
Carúpano, Sucre (Venezuela). Los bancos de las dos paradas para esperar el autobús cómodamente bajo techo, no llegaron a cumplir dos meses prestando servicio a la gente de Las Salinas I de El Morro de Puerto Santo, municipio Arismendi del estado Sucre.
Fue una vida de corta duración, por la sencilla razón de que manos vandálicas y como siempre, anónimas, acabaron de cuajo con un bien público.
«Eso lo hicieron unos tipos de Río Caribe después de una fiesta en El Morro. Como no había transporte, mataron la arrechera y la borrachera con los bancos de la garita», sostuvo un joven de la zona.
-¿Cómo asegura usted que fue gente de Río Caribe la que hizo esos destrozos?
-Aquí todo se sabe; todos nos conocemos y todos sabemos en que anda cada quien en El Morro. A esos tipos los vieron en eso varios vecinos de Las Salinas. Estaban rascados.
Otros problemas
Nelly Ordaz, del consejo comunal de Las Salinas I, refrendó la denuncia del joven que en todo momento pidió el anonimato, e indicó que a los actos vandálicos se unen problemas puntuales en la vida de la barriada y sus habitantes.
«Desde que entraron en vigencia los programas gubernamentales Suvi (Sustitución de rancho por casa) y Un Nuevo Rostro, hemos tratado de organizarnos para tener mejor calidad de vida. Sin embargo, los planes no hemos podido desarrollarlos a plenitud porque están detenidos. No sabemos la razón».
-¿Han establecido contacto con los representantes de esos programas estatales?
-Esa gente está en Cumaná y el señor Lastra, encargado del proyecto, no volvió más. Las obras se pararon de repente. Los planes incluían siembra de árboles, flores, grama y drenajes en ese terreno pelado que está sobre la carretera. Sólo alcanzaron a sembrar dos hileras de palmas datileras y a poner las garitas que ya están destrozadas.
La Salina I alberga a 872 habitantes distribuidos en 203 familias. De ese total, 300 son niños con edades entre cero y 12 años. «Por eso es que la organización comunal es tan importante. Carecemos de cloacas y la mayoría de las casas tienen pozos sépticos. Las aguas blancas vienen salobres y se produce muchísima basura», sostiene Elena Fajardo, del mismo ente comunal.
Cuentan las mujeres que el camión del aseo urbano pasa «religiosamente» los viernes de cada semana. «Sin embargo, tenemos vecinos que no embolsan sus desechos y prefieren tirarlos en un terreno cercano con todo lo que ello significa. Allí la contaminación es terrible», sostuvo Ordaz.
También la inseguridad y el desorden promovidos por elementos foráneos y por algunos miembros de la comunidad preocupa a las familias.
«Eso se acaba instalando un módulo policial a la entrada de El Morro, pero no nos paran; estamos cansados de pedir seguridad y protección», denunció el obrero Dixon Lugo.
El Tiempo trató de ubicar en Cumaná a José Lastra, encargado del programa Un Nuevo Rostro, pero no fue posible.
En la alcaldía de Arismendi, Leonildes Gil, directora de Inamtur (Instituto Autónomo Municipal de Turismo de Arismendi), aseveró que ese es un proyecto del Instituto Nacional de Turismo (Inatur), en el cual la alcaldía no tiene ingerencia alguna.
«Las directrices emanan desde Caracas y van directamente a los consejos comunales de ese sector. La conclusión de esos trabajos es un asunto que deberá ser finiquitado entre Inatur, la comunidad y el contratista Fernando Galíndez, pero ese señor vive en la capital», reveló Gil.
Crecimiento exponencial y poco diálogo en el barrio
En los últimos diez años, el crecimiento de la barriada que precede a El Morro de Puerto Santo y que bordea la carretera hacia Río Caribe, ha sido exponencial.
Las Salinas I y ahora el barrio Isidoro Gil, de reciente factura e instalación, se han consolidado al calor de una planificación urbana caprichosa y caótica, a cuenta de los beneficios que les ha aportado ese invento creado por el gobernador Ramón Martínez, denominado Sustitución de rancho por casa (Suvi)
«Nos ha servido para tener una casa de bloques, resistente y segura», sostiene Subdalina Vargas, representante del consejo comunal Isidoro Gil.
Vargas es consciente de que aún las cosas no están debidamente constituidas y consolidadas en el barrio. Al igual que sus vecinos del otro lado de la carretera, clama para su comunidad mayor vigilancia, mejores servicios y que no les tiren la basura al lado de sus viviendas.
«Yo los invito a que nos sentemos a discutir cómo hacer para vivir mejor y en colaboración permanente; pero usted sabe que no todos piensan igual y no ha sido fácil lograr ese diálogo. Hay gente que no le para a nada ni nadie y viven para ellos mismos. Yo insisto en que si no nos organizamos esto se volverá un zaperoco. Aquí sigue llegando gente a vivir y aún cuando todavía hay espacio, eso genera más basura, más servicios y más necesidades».
Tomado de El Tiempo

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