Por NoticiasdeAutobús, hace 1 año y 1 mes

Trituran micros y años de trabajo

Santa Clara, Ecatepec (México). El Zapato ya no alcanzó a ir con el Señor de Chalmita. Sus 17 años de trabajo sobre cuatro ruedas, subiendo y bajando la carretera al Ajusco, provocaron que sus articulaciones se cansaran y rechinaran, al igual que su corazón motorizado. Ayer dejó de existir.

Con los labios apretados y la mano en la cabeza, su dueño, Carlos Salvador Sánchez Hernández, vio cómo su microbús era destrozado en un taller de Santa Clara, Ecatepec.

Su número económico era el 89 y su placa, la 0390089. Era un Dodge modelo 1990 que corría por la ruta 39 y cuya vida útil terminó hace más de una década.

Ese, como 150 microbuses más, han sido chatarrizados en 2007 como parte del Programa de Sustitución de Microbuses por Autobuses Nuevos de la Secretaría de Transportes y Vialidad (Setravi).

La semana próxima desaparecerán otros 50 para completar los 200, cuyos concesionarios, inscritos en el programa, recibieron un bono de 100 mil pesos para el enganche de una nueva unidad.

Don Carlos empezó como chofer a los 20 años, pero tardó 40 en hacerse dueño y concesionario. Sus jornadas eran de hasta 16 horas diarias. Sólo así pudo costear los estudios universitarios de sus hijos.

Este viernes llegó al taller de madrugada para empezar los trámites. Hacia las 9:00 horas, unos trabajadores de la empresa Recycling CFF calcaron el número de motor y de serie como medida de seguridad.

Acercándose la hora, el dueño de El Zapato miró sus vidrios rayados y grafiteados, y el piso resbaloso, y se posó por última vez en el desgastado asiento. Metió la primera velocidad y llegó a una báscula gigante para saber el peso total de la unidad.

Luego quitó sus letreros de «Six Flags Carrefour» y «Huipulco Directo»; sacó su cubetita verde y lo llevó hasta donde unos empleados le quitaron la batería. Con un empujoncito, una máquina azul lo volteó de lado, le sacó el tanque de la gasolina «para evitar cualquier chispazo», y lo ensartó con sus tenazas. «Va pa' trás», dijo Carlos en voz baja.

Como si pesara medio kilo, la máquina lo presionó, lo azotó y el microbús fue cayendo a pedazos hasta quedar en un montón de fierros. Todo en cinco minutos.

La decisión fue difícil, pero la situación ya era insostenible: cada semana que le hacía «talacha» gastaba en promedio mil 500 pesos. «Me da nostalgia, pero ya me daba mucha lata y trabajaba en números rojos».

Luego de dar el enganche para su nuevo autobús Mercedez Benz, don Carlos tendrá que pagar 19 mil 750 mensuales durante cuatro años para que la unidad sea suya.

Tomado de El Universal

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